Escuela de Padres · 3 de noviembre de 2026
Queremos ver felices a nuestros hijos y, por amor, a veces nos apresuramos a resolver cada dificultad que encuentran. Sin embargo, cuando intervenimos antes de que puedan intentarlo, les quitamos ocasiones valiosas para descubrir qué hacer, pedir ayuda y volver a empezar.
En mi experiencia como educadora y directora, he aprendido que acompañar no significa evitarles toda frustración. Significa ofrecerles una base segura desde la cual puedan enfrentar retos adecuados a su edad, sabiendo que estaremos cerca para escucharles y orientarles.
La frustración también se acompaña
Sentir frustración cuando algo no resulta es parte de la vida. Esa emoción puede ser incómoda, pero no tenemos que eliminarla de inmediato: podemos ayudar a nuestros hijos a reconocerla, expresarla con respeto y recuperar la calma. Un niño que se siente escuchado puede pensar con mayor claridad sobre lo que hará después.
Esto no significa dejarlo solo ante un problema que lo sobrepasa. El reto debe ser seguro y posible para su etapa de desarrollo. Si la angustia aumenta demasiado, nuestra presencia, consuelo y orientación son necesarios.
Estar cerca sin resolverlo todo
Cuando una tarea se complica, podemos resistir el impulso de hacerla por ellos. Primero, escuchemos lo que sienten. Después, hagamos una pregunta que les ayude a pensar: “¿Qué podrías probar ahora?” o “¿Qué parte sí puedes hacer por tu cuenta?”. A veces basta una pista, una pausa o un poco de compañía para que retomen el intento.
Darles tiempo para buscar una solución les enseña que los adultos confiamos en sus capacidades. Y si necesitan ayuda, también pueden aprender a pedirla: la autonomía no es hacerlo todo sin apoyo, sino reconocer lo que uno puede hacer y cuándo conviene acudir a alguien.
Equivocarse permite encontrar caminos
Un error puede convertirse en una oportunidad para revisar lo ocurrido y probar otra estrategia. En lugar de centrarnos solo en el resultado, valoremos el esfuerzo, la paciencia y las ideas que el niño puso en práctica. Así aprende que equivocarse no define quién es: es una parte natural del proceso de aprender.
También podemos compartir, con sencillez, alguna ocasión en que nosotros tuvimos que intentarlo de nuevo. Nuestro ejemplo les muestra que los desafíos no desaparecen al crecer, pero sí podemos aprender a enfrentarlos paso a paso.
La autonomía crece paso a paso
Resolver pequeños retos cotidianos fortalece la confianza: ordenar sus útiles, elegir entre dos opciones apropiadas, intentar cerrar una prenda o colaborar en una tarea sencilla del hogar. No se trata de exigirles más de lo que pueden, sino de abrir espacios para que participen, decidan y aprendan con nuestro acompañamiento.
💡 Para llevar a la práctica
- Antes de intervenir, haz una pausa y observa si tu hijo puede probar una solución por sí mismo.
- Reconoce lo que siente: “Veo que esto te está costando; estoy aquí contigo”.
- Al terminar, conversen brevemente: “¿Qué intentaste? ¿Qué podrías hacer diferente la próxima vez?”.
🤝 Para compartir
Te invito a pensar: ¿qué pequeño desafío podrías permitir que tu hijo intente resolver esta semana, sabiendo que estarás cerca para acompañarlo?
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Por Mirtha Facundo
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